jueves, 9 de mayo de 2013

El mar

Finalmente el mar ha triunfado en su intento de robar una hectárea más al acantilado, le ha arrancado monumentales piedras y se las ha tragado en sus obscuras profundidades, junto con el parche verde al borde del acantilado donde estaba plantado el árbol de mi fe que todas las mañanas era bañado por un trémulo rayo de esperanza que ahora ha muerto.

Un niño extrañara ese árbol, era su lugar preferido para soñar. Corría hasta ahí a observar al encorvado árbol y perderse en el sonido de las olas azotando contra la base del acantilado, le ayuda a olvidarse de la brutal realidad de la comarca, del frío de octubre y de las discusiones de sus padres.

Se ha perdido ese viejo y retorcido árbol junto con su alfombra siempre húmeda, con él se ha ido el último bastión de la inocencia ya no queda más rincón para la ilusión, ahora yace en su acuática tumba engullido por el apetito insaciable del mar.

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