¿Qué pasó con los sueños?
¿con las ilusiones? ¿las esperanzas?
Igual que las hojas secas
se han ido cayendo una a una
acumulándose en el piso
quebrándose bajo el peso
de mis pasos.
Las nubes de oto colman el cielo,
ya no calienta el sol de abril,
los colores de mayo se han apagado
y el infantil castillo de noviembre
se ha derrumbado.
Ya no queda nada de los dulces
juegos de ayer.
Los cómplices imaginarios
de aquellas excursiones
se han ido lejos,
se han marchado persiguiendo
quimeras y me han dejado
talismanes
que llevo junto al corazón
para que me protejan de los monstruos
que habitaban en el armario.
Ellos si se quedaron.
Por las noches
cuando todos duermen
se paran junto a mi cama,
se suben a las paredes
y no me dejan estar,
se alimentan de mi tierna terquedad,
se fortalecen de mi tristeza.
Al llegar la mañana
despierto mas cansado que antes,
desbaratado.
Cansado de mirar el mundo tras de un vidrio,
cansado de caminar los mismos pasos
de escuchar las voces mudas del pasado
que reprochan los muros
levantados alrededor del jardin.
Un jardín que está muriendo
de soledad,
se está marchitando con la edad
años de realidad que han secado el pozo,
ya no conoce la primavera
todo el año reina el otoño.
El otoño de los corazones rotos
de las ilusiones extraviadas.
Ya no hay niño
y el hombre nunca llego
¿a dónde fueron los sueños?
Que tardan tanto en regresar.
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