martes, 12 de octubre de 2010

Mortal silencio

Debo de admitir que jamas te entendí, ni te entendere pequeño amor
             estos días me encuentro al borde del precipicio, a un paso de caer en la más profunda de mis crisis. Estoy en la corniza del balcón que da a mi corazón 
      y cualquier día de estos resbalaré y me perderé en él. Toda conexión con el mundo externo desaparecerá y quedaré reducido a un cuerpo idiotizado y babeante. La razón me abandona, gotea fuera de mi segundo a segundo, cada vez me resulta más díficil concebir ideas, entender cualquier cosa, por momentos incluso me olvido del lenguaje. No logro armar oración alguna. mi cabeza... .... ... 
                habitada está por un nombre nada más. El inquilino murió y nadie ha rentado el lugar. Ahora, solo un costal de promesas rotas en un rincón, una delgada y pequeña mujer con una mirada perdida y un gesto amoroso pintada en la pared. No tengo sentido, estoy vacio, estoy al borde. Lo único que necesito:                                  un poco de paz
                              de esa paz                                           que tu voz me sabe dar

                    Una palabra. Hablada. Escrita. Como sea. Con eso me conformo, eso necesito para soportar el embate del viento unos días más, unas semanas más. Me azotas con tu mortal silencio, agonizantes han sido estos siete días sin saber de ti. No se si te pueda esperar, quizá cuando regreses... quizá para entonces este entre los brazos de aquella que por largo tiempo me ha deseado. 

 ¡Desesperada grita mi nombre!  ¡Desesperado grito tu nombre!
                            Me abraza y besa en el cuello, me seduce. Me quiere a su lado. Salvame. Salvame de ella. Salvame de -la locura-.

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