Ayer en la noche me hizo falta un cobertor, mis sabanas estaban muy frías y mi cuerpo tirito toda la noche, extraña tu calor y tus abrazos. Pero mi corazón no permitío que me cobijaras por siempre, sus heridas marcan el sinsabor de una despedida más, que me arroja al remolino de navajas y puas que habita al pie de la cama.
Hoy te escribo desde aqui, lamentando ser tan sólo un pensamiento efimero y confuso, soy esa decisión que nadie resolvió a tomar. Solamente incomode un año de tu vida, y te deje sola sin razón, y no puedo decir que estoy mejor o peor que contigo, porque simplemente estoy. Flotando a la deriva como las promesas rotas que te hice, sin atreverme a extrañarte, sin atreverme a olvidarte, hiriendo más y más a mi paso, recogiendo flores tristes para cruelmente llenarlas de ilusiones y después dejarlas al disfrute de vulgares poetas con una llaga en la memoria de aquel cadaver vagabundo educado y galante.
Quizas algún día, me atreva a decidirme, o tal vez la muerte me alcanze en una noche fria como la de ayer, puede que me ahoge con el abyecto nectar de tennesse y al fin la paz reine sobre mi, y mi recuerdo no pueda herir a nadie más, como te herí a ti.
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