Mis pasos perdieron el camino
bajo el ardor del sol
sobre la estéril arena.
Mi recorrido ha quedado marcado
por las gotas de sudor
que resbalan de mi cabeza
sobre mi rostro
se acumulan en mi barbilla
y mueren en la herviente arena.
No hay más agua
ni pan
solo polvo pegado a mi piel,
pedazos de mis labios cayendo
a cada respiro.
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