Al pie de un árbol un pequeño diablillo dormitaba, con un sombrero de palma en la cara y los brazos cruzados sobre el vientre; recordaba a su maestro, aquel fauno que le enseño: a seducir a los hombres con su canto y con su rima, don que muchas almas le había ganado.
Recordaba la vez que vagando por el bosque cantaba a los cielos rimas extrañas para él, rimas de hombres, rimas de amor, cantaba lo que en el infierno estaba prohibido.
Recordaba la vez que vagando por el bosque cantaba a los cielos rimas extrañas para él, rimas de hombres, rimas de amor, cantaba lo que en el infierno estaba prohibido.
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